La leyenda del Manantial y el Dinosaurio

En una época pasada que ahora ya desapareció para siempre se sucedían día a día la verde selva y la lucha por sobrevivir. Aquí el gozo de la existencia era absoluto, pero tenías que estar muy alerta de no ser devorado. Existió entonces un dinosaurio de cuello muy largo que se sentía tan solitario en esa vorágine, que sus lágrimas habían tallado unos profundos zurcos sobre sus mejillas.

Este dinosaurio no necesitaba ocultarse o temer a sus depredadores. Su larga cola era tan fuerte que lanzaba por los aires a cualquiera con tan solo moverla de un lado a otro. Al ser herbívoro tampoco luchaba por tener su comida, simplemente llegaba a las ramas más altas para disfrutar sus deliciosos manjares.

Un día llegó a este lugar y sintió caricias profundas a través del viento, del sol colándose entre las hojas de los árboles y creando una luz única. Aquí no había nada amenazante. Respiró profundamente y se dejó abrazar por el toque amoroso de la existencia.

El dinosaurio pudo ver que este lugar contiene el principio de la vida, escuchó el suave sonido del nacimiento de las aguas.  Y al beber del manantial, comprendió que era el lugar indicado para disolver su lucha…  para curar cualquier sentimiento negativo, dejó de sentirse solitario y se convirtió en una luz para sí mismo.

Decidió que era el lugar perfecto para sembrarse y se entregó a la tierra fértil de la selva. Quiso quedarse para recibir a las visitas y acompañarte en tu propia travesía. Un dinosaurio podría parecer amenazante, pero éste es completamente amoroso y sabio. Está aquí para recordarte que nadie tiene interés en hacerte daño, todo el mundo está ocupado en sus propias heridas y sin energía para molestarte intencionadamente.

El dinosaurio nos dice que aquí es el lugar para  honrar tus heridas. Cada una te ayudará comprender algo de ti y evolucionar.   Así que agradéceles haber existido en ti.
No las ocultes más.
Siempre estamos esperando, esperando, esperando.

Pero sólo puedes sanar cuando viajas hasta las raíces de tu ser. Date un momento para sentir las cargas que ya no necesitas, que te hacen sentir enojado, triste o preocupado. Junta todas esas emociones en una bolita de energía. Recorre todo tu cuerpo, empieza por tus pies, pasa por tus piernas, tus caderas, tu vientre o abdomen y detente en tu pecho. Ahora empieza por la cabeza, limpia todo pensamiento que alimenta emociones negativas o de infravaloración… juntalos en esa bolita de energía y baja por tus ojos, nariz y  boca, sigue por el cuello y llega de nuevo al pecho. Pon especial atención en limpiar tu corazón, y ve reuniendo absolutamente todo en esa bolita.

Tómate tu tiempo, si necesitas pasar de nuevo, házlo. Cuando estés listo deja que esa energía viaje por tus brazos hasta la punta de tus dedos.  Levántate, camina hasta el agua, siente su temperatura y permite que salgan todas tus heridas y sentimientos negativos. Deja que fluyan con la corriente de este río fuera de tu cuerpo.  Sueltalas, deja que se transformen para crear luz… y selva.

Después dirígete hacia el manantial. Para llegar, vas a cruzar muchas raíces… viaja con ellas hasta tus profundidades y cuando llegues al brote de la vida misma,  deja que su pureza te ayude a transformar tus emociones, en paz, armonía y fuerza vital.

Sólo puede pasar uno por uno, así que siente cuando es tu momento para hacerlo. Y si terminaste, respeta el proceso de tus compañeros con tu silencio. Abre tus sentidos, visita el dinosaurio o da un pequeño paseo.

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